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ARTERIA

José Ballivián, fotogramas




Los videos Complejo B (00:02:49, sonido, 2008) y Sin título (00:02:44, sonido, 2005) fueron seleccionados para su proyección sobre la fachada del Museo Nacional de Arte. Llegado el momento a horas 19:00 pm. fuimos imposibilitados de proyectar ambos videos por la agresión verbal y física que sufrieron tanto organizadores del evento y de más compañeros artistas por parte de algunas personas que se sintieron “afectadas” por el contenido de los videos, no conformes con la agresión sobre las personas, también hubo intentos de destruir los equipos de proyección. Pero al mismo tiempo se encontraba en el lugar otro grupo de personas que rechazaban la censura a los videos.
Por seguridad del equipo técnico y de nosotros mismos se llego al acuerdo junto al director de Museo Nacional de Arte de proyectar solo el video Sin título (00:02:44, sonido, 2005). Una vez devuelto la electricidad para los equipos, que se nos había quitado en el momento de convulsión se procedió a la proyección por unos cuantos minutos.
A continuación fragmentos del registro de lo ocurrido en la calle comercio y presentación del video Complejo B (00:02:49, sonido, 2008) que no se logro proyectar en su totalidad.


José Ballivián


(Los textos y fotogramas fueron extraídas del video registro ILURI XXI).
La Paz, 2009

ARTERIA

Galo Coca, fotogramas




Un espacio frío, del desconcierto el patio trasero de una casa abandonada, paredes de tierra, puertas al vacío, un taxi que parece entrar al estacionamiento, se detiene y emerge un personaje cuyos zapatos rojos nos remiten a alegorías de una danza que no es la que vemos, movimientos fuertes sensuales, contoneo de caderas que nos incitan al baile, el instante de un tiempo en que el ritmo vibrante nos descontextualiza del espacio desolado, con la tenue luz del atardecer, él nos mira y es mirado como presencia de un instante en que en nuestras mentes se dejan atrapar por la espontaneidad de gestos que se crean al ritmo de la música.

La acción, acción de un tiempo pasajero que corre en pos de un arte atemporal, y nos deja pedazos de una presencia, de una sensación cambiante de brazos que suben y bajan obligándonos a buscar sentidos que transfiguren nuestras miradas en ideas.

Lo inesperado es parte de la acción, un CD que no corre, unos parlantes que no suenan, una canción que no es la correcta, elementos del performance que se convierten en coreografía de una coreografía, que se desenvuelven en el desconcierto de lo indeterminado, de lo no ensayado, que lo hace sincero, verdadero.
Presenciamos la transformación del espacio, cambiante por la energía y el sonido propio de un cuerpo en movimiento, de una acción que transfigura el tiempo en movimiento.

Samanta Orihuela

ARTERIA

Roberto Unterladstaetter, fotogramas



De a poco se hace mas….

Sobre el performance “Minorías”

Al iniciar la “reseña” sobre este performance no tenía gran idea sobre su desenvolvimiento en nuestro contexto, pero si alguien está en el mismo desierto le aviso que esta es una buena oportunidad para comenzar.

Se parte aquí, del precepto de que para “otras épocas, otras críticas”, tomando en cuenta que estas han sido reducidas a patrones físicos y de conducta impuestos. Al paso del tiempo y en cada etapa del mismo lo que percibimos es un rechazo a la opresión que se ejerce socialmente, y pues, no hace falta ser experto, para saber que lo que comúnmente pasa es dejarse llevar.

Descubrí que a través del performance como herramienta, es posible aportar ideas, es posible asumir el vacío y el caos y trabajar sobre ellos. En nuestra sociedad se asume que el arte es riesgo, sin embargo, a través de este instrumento es posible hacer un aporte a la conciencia colectiva, y a la actitud participativa, y en este caso en particular, para generar una nueva perspectiva para un cambio en pro de las minorías. Es a través de la acción misma que se pueden reflejar realidades, y proyectar estados de conciencia.

El tema de las minorías puede llevarnos a – y además de buscar en la memoria colectiva – construir a partir de la acción, recuperar y confeccionar una identidad. Es lo que lleva a pensar, además que pasa con la experiencia dentro del conflicto en escena, es decir, ¿son acaso solo las cargas sociales y políticas de las que es necesario deslindarse para dejar de ser una minoría rechazada? O ¿solo el hecho de aceptarse a sí mismo?
¿Será que a través de estas acciones muy personales, casi íntimas, es posible atravesar las barreras culturales o las preferencias ya sean sexuales o de cualquier tipo entre lo que se considera el “yo” y el “otro”?
La limitación entre las imágenes y mi percepción me conducen a una probable conjugación que recuerdo de un extracto leído en algún rincón:

“PODER”
Yo puedo
Tú puedes
El puede
Ella puede
Nosotros podemos
Ustedes pueden
Ellos no pueden

Gabriela Escobar

ARTERIA

Alfredo Román, fotogramas


En la plaza Murillo de la ciudad de La Paz, durante el cambio de guardia del Palacio de Gobierno un grupo de unas 40 personas se acercan y se paran al frente de este edificio, comienzan a aplaudir con energía hasta que por una ventana del tercer piso aparecen 2 personas, una de ellas es el presidente Morales y alguien que pide que ya no aplaudan. Termina la acción.
El aplauso generalmente es la acción que surge como consecuencia de otra precedente, es la reacción de aprobación y reconocimiento. Ahora bien, si ninguna acción previa determinada se dio antes de estos extensos aplausos…¿porque aplaudir? Y porque aplaudir ante este edificio que representa el gobierno de un país que está en medio de procesos conflictivos en los que el rechazo y la aprobación están tan dosificados entre los mismos bolivianos? Acaso podríamos estar ante una provocación que reclama un motivo para este aplauso o simplemente queriendo resaltar el lugar y el edificio como símbolo del poder que irónicamente es obligado a salir y poner atención en este grupo de personas.
Es revertir el orden del proceso acto-reconocimiento y el reconocimiento en política es aun más esquivo y tardío. Esta performance es breve y eficaz, consigue una reacción que no sé si fue la prevista, pero sucedió. Esto hizo que los mismos participantes se llevaran la retribución de haber conseguido algo a cambio, una molestia, una curiosidad, etc. Ya que cada uno de ellos podría ser representante de algún sector de esta población que se expresa ya sea aplaudiendo, gritando, conversando, o simplemente mirando hacia otro lado. A lo mejor aplaudieron porque el artista pensó que al estar en un lugar en el que las protestas son fácilmente acalladas, ésta era la manera más hábil o astuta de provocar.

Alejandra Delgado.

ARTERIA

Alejandra Dorado, fotogramas


El arte es esencialmente ir a la realización

La obra de Alejandra Dorado me lleva a apuntar algunas observaciones con respecto a la imagen que pretende dar
Lo que creo que queda claro luego de dar un vistazo del arte contemporáneo de Bolivia no logra tener demasiada corporeidad no es homogéneo, lo que es bueno variedad ante todo. Los artistas de Bolivia forman más bien un conglomerado de individualidades que se van desarrollando paulatinamente, asumiendo cada uno la diferencia como virtud. Y aunque la bruma del folklorismo pareciera disiparse, todavía restan demasiados prejuicios que merecen ser explotados, en ese sentido con respecto a la imagen de un arte domestico transportado y originado en una de las calles de la ciudad de La Paz Bolivia.
La opinión personal sobre la obra de Alejandra Dorado se acerca más a la exploración del conmover a los sentidos, sin pretender en ningún caso ser poseedor de razón alguna.
Exploraciones imágenes
No pretendo describir, pretendo comprender lo que me causa
1-Acojo las nuevas tendencias con interés.
Arte y el entorno, la sociedad como la materia a ser moldeada son elementos que a mi juicio son indispensables para comprender el movimiento fluctuante de una sociedad con un cumulo de prejuicios categorizada en lo cotidiano.
Y cuando el arte parece haber perdido su compromiso y cuando arte y sociedad se distancian, cuando la cultura se transforma en mero objeto de consumo o en simple espectáculo todo esfuerzo intelectual y creativo empieza a perder sentido
Es por lo cual el arte de Alejandra Dorado apunta a la exploración de la sociedad en la que vive, por lo tanto es sincera y consecuentemente salida de las emociones, es un intento de subversión y transgresión de las reglas del contexto artístico para llegar al mundo real, y, por otro, como una tentativa de abolir las reglas sociales para llegar a un estadio preedípico más allá de la ley y la cultura.
2-Acto poético (reflexiones)
El pensamiento largamente elaborado exige que la nueva idea se integre en un cuerpo de ideas experimentadas y esta a la vez se someta a causa de la nueva idea, la elaboración profunda de un acto poético. No tiene pasado pues la imagen poética de un acto se renueva siempre con arquetipo dormido, si bien la manera de enfrentarnos a las nuevas ideas, es siempre la recurrencia ecléctica, se convertirá ya no en un impulso o el eco del pasado, más bien por lo contrario:
En el resplandor de un acto imaginado resuenan los ecos del pasado lejano sin que se vea hasta que profundidad van a repercutir y extinguirse.
La novedad en cualquier actividad, la imagen con poesía tiene ser propio.

Iván Cáceres

ARTERIA

ARTERIA

Jornada de Performance y Video Arte.
Jueves 2 de Abril, 2009

(Los textos y fotogramas fueron extraídas del video registro ILURI XXI).

Existe un arte en la calle?, Tiene sentido una dinámica de distribución cultural que sea legitimada y valorada, además de estar involucrada con el trabajo de la institución y la cultura oficial y que se lleve a cabo fuera de los márgenes del museo?.
En los últimos años y constantemente jugando el rol de patito feo de la institución cultural, han surgido una serie de expresiones artísticas que si bien formalmente brillan por no ser capaces de delimitar sus márgenes cognoscitivos, se han incrementado dentro de los bordes de la producción artística local.
Con ella, y a regañadientes de muchos productores/ gestores culturales locales, la institución ha visto la necesidad de abrirse y de adaptarse a las nuevas inquietudes de la producción local del arte.
Dejando en duda si la institución y la adaptación de esta misma (generadora de eventos como la Bienal SIART) es la que ha generado el cambio o se ha adaptado a él; nos queda claro que actualmente, existen organismos tanto del gobierno como también privados que consideran que la cultura puede rebasar los márgenes del lienzo y la bidimensión y emanciparse hacia una lógica cultural “posmoderna”, una visión confrontadora, en la que las posibilidades del arte se extienden hacia los contenidos humanos del mismo y se utilizan todas las estrategias posibles para buscar un contacto con el público, su sensibilidad y sus inquietudes.
Arteria es un acontecimiento que reúne a 6 de los mejores artistas jóvenes del país para llevar sus proyectos a la calle, proyectos que en su mayoría reaccionan con el público o cobran vida gracias a él. Estos en una especie de simbiosis, dialogan con los espacios cotidianos y las vivencias rutinarias en la ciudad de La Paz, y la gente de la ciudad se los encontrará en el paso a manera de casualidad sugestiva.

Participan: Eduardo Rivera (Blue Box), Alejandra Dorado, Alfredo Román, Roberto Unterladstaetter, Galo Coca y José Ballivián.


Curada por: Douglas Rodrigo Rada



Eduardo Rivera (Blue Box), fotogramas

Como la oficialía no pudo conseguir el permiso para que yo duerma frente al Palacio de Gobierno sobre la Plaza Murillo, cambié el lugar. Mi objetivo era llevar paz a una zona llena de violencia, y sutilmente tocar el tema de la “Ley dormida en el País”. Sin embargo, la acción terminó en un encefalograma de los transeúntes de la calle Comercio, una obra mucho más interesante.
El performance en la calle es arte vivo, tiene su propia dinámica, su propia vida y el artista se convierte en médium. No tiene el rigor de un cuadro recto dentro de una galería, o un videoarte controlado en una sala privada.
Por eso, esta acción terminó siendo lo que la ciudad, la calle, el transeúnte común quiso que fuese: un registro. Como la gente sabía que yo estaba dormido, decía lo que realmente querían decir, no podía evitarlo, una prueba de que no fue sólo una experiencia personal. Si lo hubiese sido, los adultos de la tercera edad no se hubieran trasladado a las puertas del Museo de Arte, donde al final reposé con somníferos.
No pude dormir profundamente, pero no estaba despierto. No fingía; estaba drogado sin poder controlar mi cuerpo. Una extraña calma me acompañó todo ese tiempo. Mientras se burlaban o me agredían, yo sólo podía escucharlos desde muy lejos o, mejor dicho, sentirlos.
Hubo grupos distintos de espectadores: los que sabían que esto era una performance y los transeúntes comunes. Los primeros estaban muy preocupados por si me insolaba, o me pasaba de dosis y dejaba de respirar. Me cuidaban, me daban caricias y hasta besos en la mejilla. Quizás querían equilibrar los comentarios hostiles. También estaban los que “te echan tierra” con sus risas tratando de fomentar el ridículo, porque abundan los artistas a los que se les caen los dientes cuando no se los invita a participar en los eventos. Estaban los que entendían la propuesta, como Valeria Paz, que fue a la única que escuche decir las cosas como una profesional.
Pero el público que me interesaba a mí era el de los transeúntes. ¿Por qué? Porque me interesa que la gente común se enfrente a hechos, acciones, objetos, etc., que estimulen su interpretación, que rompan con su cotidianidad plana y simple en la que viven. Que encuentren nuevas formas de interpretar la “realidad”.
Siempre supe que había racismo, pero estaba vez los gritos no eran hacia lo indígena, sino a lo que no lo es: “Este gringo que se vaya a su país a hacer esto”. Una prueba más de que los cholos ( y no lo digo despectivamente, sino como característica de una parte de los bolivianos) creen que todos los bolivianos somos igualitos, y el que no es como ellos es gringo. Me pregunto qué sería de mí si tuviese pelo rubio u ojos azules, si así como soy, chaposo y calvo, se me discriminó. (...)
Recuerdo a un niño que dijo, “yo también quiero dormir aquí”. “¡No! ¡ese es un loco!”, le dijo la madre. Los niños sabían que yo no era malo, ni loco. Sólo estaba durmiendo plácido en la calle.
La simple acción de dormir en la calle sin ser un indigente levantó mucha mierda en la gente, por lo menos en la que pasó ese día por la Calle Comercio.
El encefalograma de reacciones da por ahora este diagnóstico: La Paz está enferma de racismo, envidia y frustración.

Eduardo Rivera (Blue Box)